La estructura étnica de Nigeria como soporte de su sistema de ciudades y aldeas

Nigeria, el país más poblado de África enfrenta actualmente un proceso acelerado de urbanización reflejado en las cifras de su población actual en 2026 de 243 millones de habitantes, estimándose que alcanzará en 2050 a 392 millones considerando su alta tasa de crecimiento que lo convertirá en el cuarto país más poblado del mundo. Entendiendo que gran parte de ese crecimiento ocurrirá en las ciudades, dado que ya el 55,8% vive en ciudades y tomando en cuenta que el país se encuentra en pleno proceso de incubación de modelos de desarrollo urbano y metropolitano en los que las poderosas fuerzas de las inversiones e industrias, al igual que en las ciudades del resto del mundo pugnan por concentrar poblaciones en áreas metropolitanas generando así mercados de producción y empleo sostenibles, pero al mismo tiempo existen igualmente poderosas fuerzas sociales y culturales que llevan a gran parte de la población a procurar áreas menos densas y compactas donde vivir, el resultado es ciudades que crecen a una enorme velocidad en forma horizontal concentrando actividades administrativas en sus centros pero sumando permanentemente anillos de servicios y vecindarios de baja densidad donde viven los sectores populares y los más ricos, con autos, eligen areas remotas en la forma de comunidades cerradas. Abuja es un buen ejemplo de ello que siendo una ciudad nueva concentra sus funciones como capital del país en su entramado orgánico pero sus habitantes viven realmente en sus areas periféricas siguiendo una estratificación social y cultura determinada por su nivel de ingresos. A esto se suma el efecto de desplazamiento poblacional producido por los efectos del cambio climático, propio de la extensión del desierto del Sahara, y la irrupción de grupos insurgentes que al generar inseguridad, afectando especialmente a los estados del norte del país, empujan a las poblaciones rurales a migrar, buscando refugio en las grandes ciudades generando procesos de urbanización caracterizados por la vulnerabilidad y la competencia por recursos escasos entre comunidades desplazadas y comunidades huéspedes en sus lugares de origen. Este enorme desafío de urbanización abre una enorme ventana de oportunidad para desarrolladores inmobiliarios, urbanistas, ambientalistas, sociólogos, politólogos y analistas en general respecto a los modelos apropiados para lograr sustentabilidad y resiliencia. 


Al respecto, la disponibilidad de estructuras étnicas sirve de sustento territorial para entender los factores que intervienen en las preferencias de migración. El clan o familia extendida juega un papel fundamental en la decisión de comunidades desplazadas e inclusive en migrantes económicos para decidir dejar sus lugares de origen para residir en otra localidad. La multiplicidad de grupos étnicos en Nigeria juega a favor de la multiplicidad racial y la buena convivencia entre los dos grupos predominantes, cristianos y musulmanes, quienes históricamente han desarrollado lazos de interacción que les ha permitido convivir en armonía. Hausa, Fulani, Igbo y Yoruba definen los patrones de relacionamiento lingüístico predominante lo cual permite una construcción dinámica de regiones donde estos grupos son bienvenidos y donde la cohesión social es más probable. Superponiendo el mapa étnico con el mapa de desplazamiento poblacional puede advertirse una correspondencia. 

El país puede dividirse en tres franjas, siendo la norte la dominada por los grupos Hausa-Fulani y Kanuris, donde además rige la ley Islamica; el centro dominado por Yorubas, en donde la geografía más plana y fértil con predominancia cristiana genera condiciones de mayor estabilidad. Finalmente, el tercer sector, sur, dominado por distintas étnicas, Igbo, Ibibios y otros, con un perfil secesionista con respecto del país y albergando las reservas de petróleo de tipo nacional. 

En dicho marco regional, la presencia de ciudades que albergan patrimonio histórico sirve para definir regiones históricas que sirven de hinterland de capitales y grandes metrópolis cuyo sistema estructura el desarrollo del país. La Federación de Nigeria responde justamente a dicho sistema político de administración del territorio diseñado para lograr la armonía entre grupos étnicos diferentes ocupando territorios ancestrales bajo una administración moderna nacional respetuosa de las autoridades tradicionales.  Es en este marco que surgen las principales ciudades que han jugado un rol historico de refugio de sus distintas étnicas ante peligros ambientales o de inseguridad. 

      
De este modo ciudades como Kano, Zaria y Kaduna, albergan un rico patrimonio que refleja la identidad de los antiguos reinos del norte de lo que actualmente Nigeria que contienen numerosos edificios y sitios con diseño típico árabe, correspondido con arquitectura contemporánea que en forma ecléctica incorpora elementos clásicos islámicos pero al mismo tiempo traduce este lenguaje con técnica constructivas propias de la modernidad como el uso del hormigón armado, etc. También Abuja, a pesar de ser una ciudad creada de cero, ha logrado incorporar el rico contraste de estilos arquitectónicos entre el modernismo de las formas racionalistas con formas más tradicionales reflejada en catedrales y mezquitas reinterpretadas en distintas formas. 

Este repertorio de formas y modelos de desarrollo urbano juegan un rol central en hacer de estas ciudades ancestrales el soporte étnico para la integración de grupos desplazados que en otros contextos donde se impone un grupo étnico en particular, enfrentan mayores dificultades para integrarse. Una cuestión central es la gestión del suelo. En ciudades cosmopolitas como es el caso de Kano, por ejemplo, la mayor flexibilidad en el acceso al suelo, donde las comunidades forzadas al desplazamiento pueden alquilar o comprar tierras para trabajar hace la diferencia en la integración respecto a ciudades o pueblos más pequeños en donde la dominancia de una etnia y lengua en particular dificulta seriamente que comunidades procedentes de otros grupos étnicos puedan radicarse y prosperar justamente por las barreras existentes al suelo donde asentarse y donde desarrollar actividades productivas. En dichos contextos, la presencia de autoridades tradicionales como reyes y ancianos juegan un papel fundamental en la mediación para lograr acuerdos y consensos necesarios para que los desplazados puedan acceder a medios de compra, alquiler o prestamos de suelo donde radicarse y desarrollar actividades productivas. 

Como suele ocurrir recurrentemente en la historia, la construcción de un modelo de integración y cohesion social y cultural demanda de un mutuo entendimiento entre comunidades en las cuales la arquitectura y el urbanismo juegan un papel de argamasa que debe ser destacable. Para Nigeria, la identidad generada por sus sistemas de ciudades como asiento de residencias de grupos estables, migrantes y desplazados constituye una fórmula fundamental para diseñar políticas públicas de urbanización. No se trata solamente de prever suelo e infraestructuras necesarias para planear el desarrollo urbano vertiginoso que el país necesita, como así tampoco alcanza a considerar los crecientes riesgos ambientales y los factores que llevan al desplazamiento. Es necesario ver la historia y la cultura desde la perspectiva de entender el rol clave que siguen jugando en la construcción de la federación de pueblos que es menester capitalizar a partir de su politica urbana nacional.     
    
      

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