La arquitectura del museo nacional de El Cairo y sus lecciones urbanísticas ante el síndrome de obras públicas faraónicas.
La ciudad de El Cairo contiene lecciones de arquitectura y urbanismo que resultan una potente voz ante el fenómeno de la globalización que tiende a homogeneizar las ciudades a nivel global. Su vínculo con el mundo antiguo, medieval y modernista con el imponente testimonio de las pirámides y la esfinge define el perfil de una ciudad que funciona como un muestrario elocuente de las distintas fases de evolución histórica materializado en obras emblemáticas y barrios con una identidad que trasciende las épocas en que fueran construidos. La secuencia de monumentos y areas en los que la historia urbana de El Cairo ha dejado una huella indeleble pueden reconocerse en el diseño y organización del nuevo museo nacional de historia de Egipto. Emplazado estratégicamente frente a las pirámides, el nuevo museo contiene las piezas representativas de los distintos períodos históricos del país, invitando a un recorrido fascinante. La colosal estatua ubicada en el hall central del museo relocalizada del área central de la ciudad constituye un símbolo del poderío de uno de los imperios más antiguos de la humanidad todavía proporcionando inspiración a sus descendientes. El diseño del museo intenta recuperar la morfología clásica de pirámides y monumentos egipcios en clave de postmodernismo, utilizando recorridos y escaleras que sirvan de espacio teatralizado que pone en valor los grandes tesoros de la antigüedad en clave postmoderna.
La explanada de entrada al museo busca crear el efecto espacial de antesala del museo con un obelisco que invita a establecer un eje de acceso en dirección a la entrada que enfatiza el uso de formas triangulares recurrentes materializadas con materiales pétreos que dramatizan las referencias con las pirámides enfatizado por el uso de cerámicas y porcelanatos que le otorgan un aurea de esplendor. La repetición de triángulos, quizá excesiva, busca generar un cierto ritmo de alternancia entre la fachada y el espacio semipúblico que enfatiza el sentido de recorrido e invitación a entrar y visitar el edificio del museo. El acceso se enmarca nuevamente en una morfología piramidal cargada de referencias estilísticas asociadas a la antigüedad clásica con diseños propios de la era islámica y gestos de arquitectura postmodernas como uso de macizos y columnas desnudas desprovistas de toda forma de ornamento. La escala monumental de la obra genera el efecto de atracción y misterio que en el interior se combina con un uso tamizado de la luz natural que reverbera con la utilización del mármol, los pisos de porcelanato y dispositivos metálicos y de distintos tipos de piedra que dispara distintos tipos de impresiones y sentido de exploración y misticismo en los visitantes.
El diseño del museo hace alarde de un diálogo con las pirámides y la esfinge, su contexto de fondo al que busca rendir tributo apelando a morfologías triangulares y la utilización de un lenguaje arquitectónico intrincado de volúmenes ciegos y el uso de la luz cenital generando claroscuros apropiados al uso específico de museo. La espacialidad alude a un shopping mall, con amplios recorridos, lo cual para algunos visitantes constituye la principal crítica, pero la distribución de objetos de valor arqueológico en sus distintos espacios invita a un recorrido entretenido apoyado por información suficiente para entender en forma sintética de los períodos que integran la rica historia del país.
En dicho recorrido, la espacialidad fluida de escaleras y corredores enlazándose con espacios herméticamente cerrados alude a la experiencia de visita de los monumentos funerarios, particularmente las pirámides, a las cuales el museo es permanentemente mirando a través de sus grandes ventanales. Al igual que los grandes shoppings, el uso intensivo del aire acondicionado, para generar confort y al mismo tiempo proteger los tesoros arqueológicos constituye la segunda crítica más importante, fundamentada principalmente en la oportunidad perdida en término de introducción de criterios de eficiencia energética via diseño bioclimático y mayor sensibilidad en torno a la cuestión de la sostenibilidad ambiental. Es interesante que una sección del museo está dedicada a albergar actividades culturales y artísticas como exhibición de arte y muestras que aluden a la historia urbana de El Cairo, aludiendo a la relación entre algunos de sus barrios y la fundación de asentamientos humanos en distintos períodos.
Una mirada a la evolución de la ciudad metropolitana refleja un casco histórico en 1900 extendido hacia el norte hasta 1950 con una notoria extensión horizontal en todas las direcciones hasta 1970 para experimentar un avance sobre terrenos rurales a lo largo del río Nilo y en la extrema periferia incluyendo terrenos en zonas desérticas a partir del año 2000, que refleja la notable impronta de la política de creación de nuevas ciudades. En este proceso histórico, distintos centros urbanos que a lo largo de los siglos han servido de soporte de distintos tipos de edificios y monumentos hasta aglomeraciones de viviendas y servicios urbanos han generado un perfil de ciudades distintas que por el proceso mismo de metropolización se fueron integrando en un tejido metropolitano. Dicho tejido, notablemente fue extendiéndose y saturándose en densidades a partir de las tipologías de edificios en altura deviniendo en barrios con características muy particulares con una fuerte identidad. Esta política ha sido posible a partir de la construcción de autopistas que han posibilitado el desplazamiento de los residentes desde un ángulo de la metrópolis al ángulo opuesto. La apuesta al automóvil para movilizar a la población, con un transporte público rezagado es una apuesta negativa al desarrollo sustentable de la ciudad. Igualmente, la proliferación de barrios cerrados en anillos periféricos con limitada agua constituye otro desafío a la sustentabilidad metropolitana que debe ser tenido en cuenta. A esto se añade los efectos sociales de marginalidad y segregación social que genera el barrio cerrado frente a la enorme proliferación de asentamientos informales vecinos y con condiciones sub estándar y bajos riesgos ambientales notorios que deben ser tenidos en cuenta. que no solo no son atendidos en las grandes obras, sino que por el contrario tienden a profundizarse a partir de ellos.
La modernización de la metrópolis vino asociada a una nueva forma de entender la ciudad, más compleja y amplia, pero también más conflictiva en un sentido social y político. La capital del país ha albergado distintas crisis y desafíos que han tenido como protagonismo las zonas centrales y los espacios patrimoniales con mayor valor simbólico. Desde una perspectiva urbanística, el peso de la historia en El Cairo invita a reflexionar sobre el peso de las mega obras de tipo "faraónicas" en el sentido de imponentes y de enorme peso en las finanzas públicas como una herencia cultural a tener en cuenta y tratar adecuadamente en función de racionalizar los procesos de crecimiento urbano en función de una lógica de bien común en lugar de una oportunidad de empoderamiento gubernamental, el cual, si bien siempre hace falta, muchas veces es precisamente la búsqueda de la mega obra faraónica per se, precisamente la causa de la caída de presidentes y de elites en el poder. Este síndrome de obras faraónicas no es exclusivo de Egipto sino que se extiende por el sur global como un virus, del cual el país desde la antigüedad ha sufrido y sigue enfrentando procurando encontrar soluciones a los problemas de vivienda asequible, disponibilidad de agua, transporte público y descarbonización de sus economías al igual que el resto de las ciudades metropolitanas del mundo







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