El desarrollo territorial de la provincia de Misiones, Argentina: De las Misiones Jesuiticas a los Objetivos de Desarrollo Sustentable del Milenio (ODS)

En los tiempos que corren de postmodernismo y, hasta me atrevería a decir, "post-verdad" donde presidentes y CEOs del mundo son capaces de decir públicamente que es legítimo expulsar población nativa de sus territorios ancestrales para reemplazarlos por turistas con la unica justificación de negocios inmobiliarios, cabe reflexionar sobre la experiencia de pueblos y regiones que han dejado una estela de experiencias y eventos históricos que nos inspiran a pensar en el futuro de la humanidad. La provincia de Misiones se encuentra en el Noroeste de la Argentina, compartiendo la misma microregion climática y cultural con los países vecinos de Paraguay y el sur de Brasil. Dispone de una de las maravillas del mundo, según la UNESCO como son las cataratas del Iguazú y el complejo de pueblo-misiones jesuíticas protegidas como patrimonio de la humanidad. El territorio de la provincia es el recorte del ecosistema ancestral del Pueblo Guaraní, del cual la historia recoge múltiples rasgos de su cultura que ha sido registrado minuciosamente por la obra de misioneros Jesuitas que predicaron y vivieron con este pueblo aproximadamente entre 1548 y 1750, cuando la orden fue prohibida y 1773 cuando fueran expulsados finalmente. 

A lo largo de estos 200 años de presencia Jesuita en la zona se fundaron alrededor de 30 pueblos o misiones, agrupando distintas tribus en donde se desarrolló una incipiente economía asociada a la producción de distintos productos, asociados a las actividades religiosas de la misión, como construcción de viviendas y espacios públicos, instrumentos musicales, textiles, alimentos y demás insumos. Frente a los intereses inescrupulosos de blancos interesados en esclavizar población nativa, las misiones funcionaron como refugios y áreas de protección de dicha población, quien, tras abrazar el cristianismo como religión libertadora de las amenazas propias del alma humana, como así también de los peligros muy específicos asociados a la maldad humana y la naturaleza. Es interesante notar, como bien representa la foto a la derecha, la disposición de las viviendas de estas misiones alentaba la experiencia comunitaria, en un contexto de valores cristianos centrado en el bien común, el cuidado, la solidaridad con los más débiles y el trabajo con la producción como medio de progreso con beneficios compartidos. 

El trazado de estos poblados refleja la voluntad de hermanar, compartir, gobernar a partir de la deliberación, de ahi la presencia de grandes plazas y espacios públicos cubiertos dedicados a albergar mesas redondas de discusión y espacios sagrados y representaciones artísticas de los momentos de decisión que marcaron el destino de este pueblo. Hay un urbanismo pensado en términos de recorridos cargados de símbolos sacros que vale la pena recuperar para dar sentido a las ciudades actuales. La presencia de símbolos y rituales que hacen a la experiencia comunitaria contribuyen a la cohesión de las distintas familias agrupadas en tribus y clanes conviviendo bajo las mismas reglas sociales, reflejadas en su arquitectura y asentamiento. Distintas formas de innovación asociado a las técnicas constructivas y estética en el diseño deben reconocerse como aportes fundamentales a pensar la ciudad desde el diseño y la planificación con un fin último de construir una cultura de la tolerancia y la aceptación de las diferencias.   


La innovación y experimentación tecnológica en un marco de cohesión social y desarrollo cultural, caracteriza el legado de las misiones guaraníes. Su particular visión del mundo, en el que la "tierra sin mal" surge como un edén para aquellos que protegen la creación divina es un poderoso mensaje para nuestra época en la que se debate si los genocidios estan realmente mal o la destrucción del planeta para beneficios de las élites acomodadas de los distintos pueblos es legítimo. La destrucción sistemática de los ecosistemas que aseguran la supervivencia humana es una evidencia tangible de cuanto hemos retrocedido cuando nos comparamos con los valores de otras gentes en épocas remotas, preocupadas por erigir ciudades que alberguen a todas las personas y en donde sus necesidades físicas y espirituales sean debidamente atendidas.        
La provincia de Misiones actualmente mantiene mucho de estos valores, a pesar de los más de un siglo ocurriera la expulsión de los jesuitas. No es sorprendente que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) del nuevo milenio tengan una acogida tan favorable en la provincia ya que tiene una relación directa con la historia de la región. De hecho, los ODS, ese instrumento promovido por las Naciones Unidas para alinear políticas públicas entre los pueblos a nivel mundial, surge como resultado de la búsqueda de consensos y acuerdos dirigidos a un futuro común, en el que priman valores que se relacionan con la solidaridad y confraternidad. Al igual que la obra de los Jesuitas, los ODS buscan que los pueblos se hermanen y trabajen juntos en la construcción de un futuro común, sea este el asentamiento de pueblos proyectados para vivir en comunidad, o sean ciudades modernas en los que sus marcos regulatorios prevean medidas concretas para que todos sus habitantes accedan a los servicios básicos y las viviendas.    

La provincia de Misiones se ha caracterizado desde hace muchas décadas por su trabajo intenso en el campo de la planificación territorial, para ordenar la provincia a partir de un manejo sustentable de la producción, creando parques nacionales que eviten la sobre explotación de su recurso más abundante, la madera. También ha trabajado fuertemente en el campo de la vivienda, construyendo viviendas para comunidades guaranies en sus lugares de origen, viviendas rurales y urbanizaciones para sectores populares en zonas suburbanas. En dicho contexto, las características fronterizas de la provincia, atravesada por flujos migratorios constantes entre los tres países mantienen viva la tradición del pueblo Guaraní de buscar tierras buenas donde habitar sin maldad. 

Esta tradición de búsqueda personal y tribal deviene en una fuerte impronta territorial a nivel de la provincia que se traslada en sus políticas de vivienda y hábitat en donde los ODS encuentran un espacio de reflexión y acción direccionada hacia la cohesión social con una fuerte organización comunitaria.   



El desarrollo de modelos de comunidades sustentables, tanto en la ruralidad como en lo urbano, refuerzan la búsqueda permanente de la provincia de generar condiciones de hábitat que satisfaga la cosmovisión de sus habitantes. No se trata solamente de planes para resolver el déficit habitacional o generar ciudades eficientes, en Misiones la búsqueda es más profunda. 
      
Pero estas visiones idealistas suelen encontrase con realidades mucho más mezquinas del presente, como le ocurriese a los jesuitas en su momento, y también a los ODS en la presente época.   El compromiso provincial con los ODS representado en el recurrente uso del logo en sus edificios y espacios públicos, en una época en la que a nivel nacional se replantea la utilidad y hasta la consistencia de los mismos como medio para alcanzar resultados positivos para todos, especialmente los más necesitados, resuena fuertemente en el diseño de las políticas de ciudades, de vivienda y de hábitat, finalmente. 

Los planes estratégicos territoriales (PET) procuran ordenar el territorio a partir de una lógica de la inversión pública asociada a la racionalidad de la urbanización en función de la estructuración del territorio y no de concentración de desempleados en un mismo espacio. Ya no se trata de simplemente promover la migración de la gente del campo a la ciudad, como ocurriera en el siglo XX, sino de pensar en forma estratégica como la gente puede optar donde quiere vivir, por motivos económicos, pero también culturales, sociales y hasta espirituales, y el estado facilitando los medios para que lo puedan hacer.  

La historia de Misiones, entre los Jesuitas y nuestra época, reconoce también la lucha de algunos de sus descendientes más nobles, como el caso del Comandante Andresito, cuya estatua se yergue hoy en Posadas, testimonio de la lucha de un pueblo por su libertad y por la defensa de sus territorios. Habrá que reflexionar sobre cómo hacerlo, pero el hecho de tener claro hacia donde se desea ir, reconociendo en ello, la impronta del pasado, ya es un mensaje suficientemente contundente que como planificadores urbanos y arquitectos comprometidos con la realidad de nuestra época, no podemos dejar de reconocer.  



 

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